THE BIRD BOX - JOSH MALERMAN

Este es uno de esos libros que, cuando por fin lo terminas, sientes la irrefrenable necesidad de buscar al editor y preguntarle: "¿por qué?" (Asi, con voz de Mourinho). No sé, solo se me ocurre que el autor le chantajeaba, o que se tomaron una ensalada de honguitos alucinógenos.  No hay otra explicación.

La historia (por llamarlo de alguna manera), se fragmenta en tres espacios en el tiempo y se narra en forma de flashbacks, cosa que también odio profundamente (si, soy una persona muy difícil de contentar, moriré sola rodeada de gatos -a los que también odio).

La protagonista es una chica que se pasa el libro intentando huir de una amenaza desconocida, una especie de epidemia que hace que todo aquel que "la ve" se vuelva loco, mate de un modo esmeradamente sangriento a la persona que tenga al lado y a continuación se suicide el modo más escabroso posible (nada de saltar por la ventana ni cortarse las venas).  Como solución obvia, el grupo de gente que intenta sobrevivir se venda los ojos y va por la vida a tientas durante un periodo de tiempo indefinido, pero que cubre varios años, en los cuales nuestra aguerrida moza tiene tiempo de dar a luz, por supuesto con los ojos vendados, en un parto de lo más explícito (doy gracias a Dios por haber tenido a mis hijos antes de leerlo, de otro modo igual no estarían aquí).

Y ahora os voy a destripar el final, y me lo vais a agradecer, porque nadie debería perder ni un minuto de su vida en leer este libro.  Después de que su casa sea un baño de sangre donde no sobrevive ni Peter, la chavala se dedica a criar a sus hijos, a oscuras, para entrenarles el oído (¿como se te queda el cuerpo?), porque "de repente" se ha acordado que uno de sus amigos le dijo que se pondría a salvo si seguía una ruta en barca rio abajo hasta llegar a un punto que reconocería porque una grabación suena en bucle desde hace años (con dos cojones) punto en el que se quitaría la venda un segundo para tomar la bifurcación de la derecha hasta llegar al refugio salvador (vamos, el camino de baldosas amarillas del Mago de Oz en versión fluvial).  Para ese viaje necesita convertir a sus hijos en murciélagos con radar y oído extradesarrollados.

Pues eso, que se ponen en marcha y les pasa de todo, y no ven un pimiento, pero no pasa nada, porque llegan a la bifurcación, y escuchan la grabación en bucle (que solo falta que digan que es Raphael cantando "Que sabe nadie") y llegan por fin al refugio que es una especie de Polígono de Cobo Calleja pero sin chinos, donde por fin se pueden quitar la venda y descubren que el resto de la peña se ha ido cegando como podía, con lejía, arrancándose los ojos con cucharas... en fin, superbonito, pero le dicen que como ya está el refugio construido, y tienen de todo dentro (colegio, una huerta, hospital, un Ikea...) pues que ella no hace falta que se lave los ojos con salfumán.  Y ya está. Ahi se queda, y tu con cara de gilipollas sin saber que es lo que ven que les hace convertirse en Jack el Destripador, ni quien te devuelve el tiempo perdido con este bodrio.

Me temo que es capaz de publicar la segunda parte...

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