EL CIELO HA VUELTO - CLARA SANCHEZ

Que el premio planeta está más amañado que las elecciones en Cuba es algo que sabe todo el mundo.  De hecho, en el caso del Planeta de Lucía Etxeberría se sospecha que además de amaño hubo alguna amenaza de secuestro o peor aún, de inundar el correo electrónico del jurado con imágenes suyas en ropa interior que claramente inclinaron la balanza a su favor.  No les culpo.
Pero mi post de hoy va de otro premio Planeta sorprendente: "El cielo ha vuelto", de Clara Sánchez.  Empecé el libro con ganas porque su anterior obra "Lo que tu nombre esconde" me había parecido original, bien escrita y con personajes creíbles.  Lamento decir que no es el caso.
La historia va de una chicuela que es modelo (esa debió ser mi primera pista) y que en un avión conoce a Viviana, una señora gorda (incide mucho en eso, supongo que para diferenciarla de la modelo esquelética, porque tampoco resulta especialmente relevante), que resulta ser vidente y le dice que "alguien de su entorno desea su muerte" (esa debió ser mi segunda pista).  Pero yo soy intrépida y aguerrida, ignoré las señales de alarma y seguí con la novela.
Te introduce en el trepidante mundo de las modelos, un auténtico cuento de hadas, con unos matices, una profundidad que te hacen maldecir las tostadas con mantequilla que ingieres cada mañana y te impiden entrar a formar parte de ese universo.
En ese contexto, nuestra escuálida protagonista empieza a sufrir pequeños accidentes que enseguida achaca a la perra asquerosa que la quiere ver muerta, y se dedica a viajar a Barcelona a casa de Viviana y a pagarle un pastón para que le ayude a descubrir su identidad, y en el proceso la llena de amuletos, porquerías y brebajes que hacen de lo más creíble la situación.
Entre medias hay compañeras modelos envidiosas asquerosas dispuestas a tirarte escaleras abajo, o peor aún, a cambiarte la sacarina por azucar al menor despiste.  Una jefa ukraniana con mano de hierro en guante de hierro y conexiones con los bajos fondos nacionales y de importación.  Y el marido de Patricia, nuestra heroína, un pintor (artista, no de brocha gorda) fracasado y amargado que la trata como una bayeta, se pule su dinero y le pone los cuernos, todo un príncipe azul.
Para colmo están los padres y la hermana de la modelo, que han descubierto que cuando uno tiene una hija dispuesta a matarse de hambre y le pagan una pasta por ello, pues para que van a trabajar, que ya si eso mejor se compran (les compran), chalets, les pagan un sueldo, en fin, lo que viene siendo vivir del cuento.
Sumamos episodios ridículos en los que pierde en un bosque en Rumanía o en Praga o no se donde buscando un ruibarbo negro (francamente no sé de que color son los ruibarbos, y ahora que lo pienso, igual no era un ruibarbo, era un rododendro, bueno, da igual, una flor que no suele ser negra y que lógicamente solo se encuentra en el culo del mundo).
Al final la muchacha, descubre los cuernos de su marido, ya ves, no todas las modelos son tontas, descubre una trama de blanqueo de capitales en su empresa, lo dicho, esta modelo es todo un premio Nobel, y se marcha con la jefa ukraniana y otro que pasaba por allí y montan su propia empresa de modelos.  La vidente confiesa que de vidente tiene muy poco, le devuelve la pasta y le regala su gato (un detalle precioso)



Total, otro libro al que dedicar tardes de piscina que te deja sumida en la más absoluta perplejidad y te hace cuestionar la identidad real del jurado del premio Planeta.

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